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miércoles, 29 de abril de 2009

COSAS DE MUJERES

Se coge un grupo de amigas y se las pone a hablar de sus cosas, de maridos y amantes por ejemplo. La tele lo hace mucho. Casi es un género en sí mismo, algo así como la mirada femenina del mundo.Están las amas de casa de Wisteria Lane, por ejemplo, aquellas Mujeres desesperadas de suburbio lujoso. Y también las más desinhibidas protagonistas de Sexo en Nueva York.Siguiendo su estela, hace un par de años se instalaban en la BBC las señoras de Mistresses o sobre mujeres-en la encrucijada de sus vidas. Una mirada "sexy, sofisticada y moderna" a la vida de varias mujeres maduras, "enredadas en una telaraña de amor y mentiras"

COSAS DE MUJERES



Jesús María Alemany*

Todavía se utiliza la expresión "cosas de mujeres" al parecer para indicar una última razón casi ontológica de algún sucedido femenino. Este comentario despectivo, habitualmente en labios de varones, está compuesto por un porcentaje notable de arrogancia, una insufrible apariencia de comprensión y hasta una cierta cínica ternura. Así, por ejemplo, cotillear, tener celos, encapricharse por las ofertas de los grandes almacenes, quejarse sin motivo y crear problemas donde no los hay, son "cosas de mujeres". Se sobreentiende que las conversaciones profundas, la racionalidad, la capacidad de producción y trabajo, el planeamiento y solución de los verdaderos problemas, son asunto de hombres. Me dirán ustedes que se ha avanzado mucho en la superación de los estereotipos masculino y femenino. Pero ¿de verdad lo creen con la mano en el pecho?

Sin embargo está comprobado que la fortaleza e ingenio de las mujeres es el mayor capital que poseen los 1.200 millones de personas que tienen que sobrevivir en el mundo con menos de un euro diario y los 1.000 millones de personas que no tienen acceso al agua potable. La supervivencia de los débiles en India o en África sería impensable sin las mujeres, aunque han de sufrir que 10 millones de niños mueran en sus manos cada año por enfermedades muy fácilmente prevenibles. El fin de la impunidad de quienes violaron cruelmente los derechos humanos en Argentina parece ya posible después de la supresión por el Parlamento de la ley de punto final y obediencia debida, pero ello será gracias a la esperanza contra toda esperanza que ha movido tantos años a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. Quienes tuvieron el valor de decir a los políticos españoles en la despedida de sus hijos para Irak que era muy fácil quedarse en casa y decidir que la guerra la hagan…otros, eran las madres, hermanas y novias de los soldados.

Pero si la expresión "cosas de mujeres" se las trae, no les digo nada de la sonrisita que acompaña la alusión a determinadas féminas, las monjas. Confesar que "estudié en un colegio de monjas" pareciera que nunca pudiera suscitar un buen recuerdo. Las "cosas de monjas" pertenecen a otra galaxia y otro tiempo. Y no vaya usted a calificar de "monjil" un comportamiento ni siquiera de una mujer, porque habrá ofendido. Sin embargo pocos colectivos han evolucionado tanto en el mundo como las religiosas. Han hecho verdaderos esfuerzos por reformular su misión cristiana en los nuevos tiempos y estar calladamente en los lugares, geográficos y existenciales, de los excluídos de la tierra. Y si no han ido todavía más adelante es porque están sometidas al férreo marcaje de la estructura eclesiástica que es masivamente masculina y, digámoslo, machista. Nuestros grandes corresponsales en las emergencias sociales o bélicas saben que encontrarán siempre religiosas que, calladamente y con escalofriante normalidad, viven al lado de los que sufren.

Mi reflexión viene a cuento de un hecho reciente que ha pasado desapercibido. Tres religiosas norteamericanas de 66, 55 y 68 años, después del juicio que les ha declarado culpables de poner en peligro la estructura de defensa de los Estados Unidos, están esperando la sentencia que podría llegar a 30 años de cárcel. En octubre del año pasado, la hermana Ardeth Platte, la hermana Carole Gilbert y la hermana Jackie Hudson, de edades avanzadas, penetraron en la base militar de Greeley, Colorado, para protestar contra la guerra y trataron de dañar un misil con cabeza nuclear. Fueron detenidas evidentemente sin dificultad, procesadas, juzgadas y halladas culpables. En espera del pronunciamiento definitivo, las tres religiosas han vuelto a la entrada de la base militar. Quieren rezar y reafirmar que las acciones de protesta civil contra la guerra están motivadas por opciones religiosas profundas. ¿Cosas de mujeres? Pues sepan que cuentan con mi admiración y agradecimiento.

(publicado en Heraldo de Aragón, 31.08.2003)
*director del Seminario de Investigación para la Paz

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